sábado, 26 de febrero de 2011

HONORABLE DIRECTORIO

El encarcelamiento de dos personas por tener unas plantas de marihuana en su casa ha movido el tablero político uruguayo. Hace cinco años, la legalización la proponían pocos, casi todos acusados de faloperos, ladrones, delincuentes… ¡Pero ahora todos son legalizadores! Hasta los blancos quieren ir para adelante con la legalización, como lo demuestran estas actas del  Honorable Directorio del Partido Nacional….

El Cuqui: Hoy estamos aquí, en este Honorable Directorio que YO presido para discutir el proyecto de legalización del autocultivo de la marihuana, presentado por el diputado Luis Lacalle Pou. Iniciaremos la discusión, aclarando que Luis JAMAS consumió drogas y que esto lo hace por el bien nacional.
(Risas de descrédito)
Jaime Trobo: Imponentes palabras del Presidente del Honorable Directorio
El Cuqui: Jaime, no hay necesidad de ser tan mamadera.
El Guapo: Go creo que ezto del pogro es un egor político jrave. No lo gue gablado con Mujica en la chacrrra.
Murga Agarrate Catalina: ¡Y no le entendí!
Juan Andrés Ramírez: ¿Alguien vio la gomina?
Cuquito: La dejé al lado de la planchita, Juan Andrés.
Militante hippie blanco: Bueno, che, vamos a parlamentar sobre el tema de la marihuana? Porque si no no me venía de la casa con los chicos allá en Rocha. Miren que el alquiler estaba re caro, pero daba gusto estar allá, ni lavarropas teníamos, estábamos re locos, mirando la naturaleza….
El Cuqui: ¿Quién trajo a esta falopero?
Julita: Yo te lo traje, para que veas en lo que va a terminar tu hijo si sigue con esto de los faloperos.
Cuquito: Mamá, ¡yo no fumo porro!
Julita: ¡Callate mocoso atrevido!
Diputado del MPP JJ Dominguez, desde la ventana: ¡Oligarca Puto!
El Cuqui: Estimados señores, ¡no nos vayamos por las ramas! ¡Parecemos un plenario del Frente!
Jaime Trobo: Bien, Luis Alberto, un plenario del Frente.
El Guapo: ¡Magmadega!
El Cuqui: Bueno, a ver, Luis, dinos tu idea.
Cuquito: Gracias papá, perdón, señor presidente. Hace unos años me perdí en la 4x4 y terminé con un montón de jóvenes fumando marihuana. Todos pedían lo mismo, que los dejaran cultivar lo que fumaban. ¡Y todos votaban al Frente! Ahí me dí cuenta: hay que apoyarlos, así nos robamos unos votos. Entonces hice este proyectito de ley que dice que cultivar para consumo propio es legal, pero deja en el juez la potestad de decir cuánto es consumo propio…
Senador Heber: ¡Pero eso es lo mismo que lo que está ahora, más o menos!
El Cuqui, acariciándole una pierna: Es la idea.
Jaime Trobo: Si claro, ¡es la idea!
Gonzalo Aguirre: ¡Mamadera!
Javier García en el oído a Gonzalo Aguirre: Che Gonzalo, ¿nuestros hermanos marcianos nos vendrán a buscar de nuevo? Porque esta gente me tiene podrido.
Gonzalo Aguirre: Yo que sé, pero la culpa es tuya, que rompiste el OVNI en la campaña electoral que perdiste con Ehrlich. ¡Con Ehrlich! ¡Javier de Haedo sacó mas votos que vos!
Carlos Julio Pereyra: ZZZZZZZZ!!!!!!
El Cuqui: Bueno, estimado Directorio, ell Diputado Lacalle Pou nos ha traído una normativa que cumple los postulados históricos del Partido Nacional: es bien marketinera pero no sirve para nada. ¡Alegrémonos de que las nuevas generaciones, que han aprendido nuestras célebres tradiciones!

¡Viva el Partido Nacional!

El Vecino

Todos los días el Viejo se levantaba temprano. Su rutina era impecable: al baño, lavarse los dientes, desayunar, ir a buscar el diario. Todo cronometrado. Una vida bien. Sin vicios. Se fumaba dos paquetes de cigarrillos por día y se tomaba cuarta botella de whisky por día, pero eso no es vicio, sino darse un gusto.
El Viejo no era una persona muy querida. Medio porque se había quedado viudo hacía tiempo,  medio porque escuchaba Montecarlo todo el día; se había vuelto un tipo amargo y alejado de la gente. Era ese viejo que se te caía la pelota en su jardín y para ver el balón nuevamente tenías que ir al contenedor y sacarle las agujas de tejer que tenía clavadas.
Nadie vivía en la casa de al lado. El viejo se sentía feliz con eso. Imaginate si del otro lado de la pared viviera una familia, con hijos gritones y perros aún más molestos. Peor. Imaginate una parejita joven, que escuchara música a toda jeta y golpeara la cama contra la pared de noche. Por eso el día que llegó un camión de mudanza, casi se pone a llorar. Sin embargo, con el paso de los días, vió que su vecina era una mujer sesentona, sola. No podía creer su suerte. Sin niños, sin mascotas.
Una tarde el Viejo se puso a tomar uno de sus whiskies diarios en el fondo. Desde el corralón bajaba un olorcito raro, que él no identificaba, dulzón y cabezón. Mezclado con el olor de las flores de la enredadera, era espectacular. Durante un tiempo no le molestó, hasta el día que llegó la nieta a visitarlo. La nieta tampoco se llevaba muy bien con su abuelo. A su abuelo le molestaba que una nieta de él se fuera a Balizas con tres tipos y una carpa, o que se vistiera con un pantalón que parecía una toalla, o que estudiara bellas artes.  Sin embargo, al Viejo le gustaba que lo visitaran.
Se sentaron en el fondo, como le gustaba al Viejo. Como todos los días, empezó a bajar el olor vespertino. Naturalmente, la Nieta identificó claramente el origen del cómodo aroma.
-¡Abuelo, que olor a faso!
-¿Olor a qué?
-A marihuana.
El Viejo no lo podía creer. Aquella vecina se había estado drogando al lado de él durante dos semanas, y lo peor, él no se había dado cuenta del origen del olor, que por otro lado, no le había molestado para nada.
Al otro día, espero que la vecina saliera de su casa. Las horas de ocio le permitían al viejo saber los horarios de la gente del barrio, y sabía que de mañana la vecina salía por lo menos una hora. A pesar de la edad, todavía era ágil, por lo que saltar a través del corralón no le costó mucho. En cuanto puso un pie en el patio, sabía lo que buscaba. No le fue muy difícil de encontrar: caminó unos pasos y las encontró plantaditas, igualitas a las del libro de botánica que desempolvó la noche anterior.
Aunque sabía que tenía tiempo, volvió rápido. Pensó unos minutos lo que iba a hacer, aunque esa dilación era solo por aparentar: desde que su nieta le confirmó lo que era ese olor ya lo tenía decidido. Llamó a la policía. Puso un trapo en el receptor del teléfono,  para que no le pudieran reconocer la voz. Esperó un rato contra la ventana, con la cortina corrida, naturalmente. Agazapado vió como su vecina llegaba a su casa. Como una rata que espera la noche para salir a roer un pedazo de madera, esperó con ansias la llegada de la policía. Dos horas después llegaron. Entraron. Una hora y media después se llevaron a su vecina en un auto, y a las plantas en la caja de una camioneta.
El viejo se dio media vuelta y prendió la radio. Era un día hermoso.  Para festejar, se sirvió un whisky. Pero cuando se iba a sentar de vuelta en su cómodo sillón, un dolor en el pecho lo ahogó. El vaso de whisky se cayó en el suelo, apenas dos segundos antes que él mismo sintiera el golpe del piso en su cara. En el primer segundo que estuvo en el piso, recordó la prohibición de su médico de fumar. En el segundo segundo en el piso, se apenó de haberle dicho que fumar no hacía nada y que droga era la pasta base. En el antepenúltimo segundo de su vida pensó en su vecina. En el penúltimo segundo de su vida se dio cuenta de que acababa de mandar en cana a una persona que no le había hecho nada salvo regalarle aquel exquisito olor de manera gratuita. En el último segundo de su vida, se dio cuenta de que se estaba muriendo solo. La vida no le dio para pensar que la felicidad de la vida pasa por vivirla como a cada uno le gusta. Pero de eso, ya se había dado cuenta.

Dedicado a los vecinos que denunciaron  dos personas por tener una planta de marihuana en su casa y por eso, terminaron en cana.